Un parche genético frena el devastador síndrome de Dravet, con ataques epilépticos que se pueden desencadenar al ver patrones geométricos.
El primer tratamiento de regulación genética para la epilepsia logra resultados prometedores en un primer ensayo con 81 pacientes
Manuel Ansede, Madrid - 04 MAR 2026 - 23:00 CET
Una revolucionaria tirita genética ha logrado frenar las crisis convulsivas de niños y adolescentes con síndrome de Dravet, una forma infrecuente de epilepsia intratable, cuyos ataques pueden desencadenarse por infecciones, el calor ambiental o incluso estímulos visuales, como contemplar patrones geométricos: rayas, cuadros o rombos. El neurólogo español Antonio Gil-Nagel cuenta que uno de sus pacientes, un niño de cuatro años con 20 crisis epilépticas al mes, fue uno de los primeros en probar este tratamiento experimental, desarrollado por la bióloga uruguaya Isabel Aznárez y sus colegas de la empresa estadounidense Stoke Therapeutics. “La mejoría fue inmediata, desde la primera inyección. Si las cosas son como parecen, es impresionante”, opina Gil-Nagel, del Hospital Ruber Internacional, en Madrid. El niño, tratado en 2023, pasó de los 20 ataques al mes a apenas una crisis cada año, recuerda el neurólogo. [...] En el ensayo clínico han participado 81 niños y adolescentes de entre 2 y 18 años. El experimento estaba diseñado para comprobar la seguridad del tratamiento, pero los científicos también han observado que las crisis epilépticas se redujeron un 85% en tres meses en los pacientes que recibieron dosis altas. Los beneficios se mantuvieron durante 20 meses de seguimiento, con reducciones de entre el 60% y el 90%. Además, al combatir el origen del problema, la terapia experimental también logra beneficios en otros aspectos del síndrome, como los graves retrasos cognitivos y motores.
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